No Ganó Señor García

Mis condolencias a la familia García. Lamento profundamente la pérdida del esposo y del padre, sin embargo, lamento mucho más, que un hombre que fue dos veces presidente del Perú, haya pretendido erigirse en falso mártir antes de enfrentar su responsabilidad. Animal político hasta el último día de su vida, fue incapaz de tolerar verse humillado y sometido al escrutinio público y a una justicia que, aunque imperfecta, lo es para todos. Nos ha escrito:

“Los derroté nuevamente…He visto a otros desfilar esposados, guardando su miserable existencia. Pero Alan García no tiene porqué sufrir esas injusticias y circos, por eso le(s) dejo…mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse”.

En otras palabras: ¡Les gané! ¡No pudieron conmigo y no les daré el gusto de verme vencido porque antes muerto que humillado! Verdaderamente ¡Dios tenga piedad de su alma señor García! Su legado solo se resume en esa soberbia extrema que le impidió irse , si así lo quería, mansamente, sin decir una palabra, sin vomitar ese desdén de mal perdedor. Usted está equivocado señor García, usted ya perdió lo más preciado: la vida; lo más hermoso: ver a sus nietos; lo más digno: afrontar como cualquiera, los embates de la vida. ¿Que quiso pasar a la historia? Solo en su insanía-a la que quiero atribuir su burlón y postrero mensaje- puede usted considerar que lo ha hecho como un mártir y una víctima. Víctimas nosotros al tener que tolerar la indigna feria de su funeral aprista, donde más de uno ha desfilado para colgarse de su mortaja para ganar uno que otro adepto, como Barnechea; donde hemos tenido que tolerar el absurdo reproche de Cipriani y la ridícula solidaridad de Rafael Rey. Víctimas nosotros, que hemos tenido que escuchar a Mulder y compañía decir que todo es culpa del IDL, los fiscales y los jueces. Ni un solo mea culpa, ni siquiera ante su cadáver ,como usted dijo, los compañeros, han sido capaces de encontrar en su muerte, una oportunidad para comprender, que la vida se da por amor y los principios, pero no, para restregarle al Perú, sí al Perú, no a sus enemigos, que no pudieron vencerlo. No nos ofenda más señor García y ya que decidió irse, váyase pero sin dejarnos esa pequeñez de espíritu con la que al final ha pintado su última página.

¡Váyase y descanse en paz! Ya no queremos saber de usted, ya no necesitamos saber nada, su muerte lo confirma todo. Déjenos con nuestras imperfectas instituciones y procedimientos, de los que usted en su superioridad, era imposible que sufriera. Váyase en paz con sus demonios, pero no nos los deje. Váyase, y déjenos en paz. Asílese en donde quiera que su alma escoja, y permita que podamos reconstruirnos con la esperanza que solo da la vida, ésa, que la soberbia le quitó. No deje en sus hijos la herencia de un odio que no existe. Nadie lo ha odiado señor García, simplemente… no le creímos más.

Espero en Dios, que su alma descanse. El pueblo honrado del Perú, tratará, como usted no pudo, en humilde grandeza- que es la única que existe- exculpar sus faltas, pero no por ello olvidarlas, porque si algo le deja a la historia, es el ejemplo de lo que las nuevas generaciones no deben hacer : morir por orgullo y no por un ideal. Felizmente algunos como nosotros, permaneceremos un tiempo más por aquí, para explicarle bien a esa gente joven, que la gloria se encuentra en la fortaleza de espíritu y no en la arrogancia de un ídolo con pies de barro. Descanse en paz señor García y que Dios y el Perú lo perdonen.

    Lourdes Calderón

Abogada y Comprometida