Me dueles Perú

Una Sola Fuerza

¡Te me estás desangrando!

Y no puedo escribirte como siempre;

tengo un nudo no solamente en la garganta sino en los dedos.

Pero te sigo pensando, te sigo amando, te sigo creyendo;

me dueles.

Parece que mis sueños de verte grande se desvanecen,

esos en los que mis nietos crecen en un país limpio, honesto y cabal.

Parece que se van.

Te me desangras con agua negra de tus andes, de tus quebradas;

te me pones flaco y enfermo, lloroso y suplicante,

tus manitas de niño y de anciano y de madre se te van agrietando.

Tu rostro de padre impotente se te está quebrando

Me dueles.

¡Ángeles de caritas sucias y cansadas! ¿no sé dónde vienen?

Es gente común, sin afanes ni vanaglorias,

que te dan agüita y leche, te abrigan y te abrazan.

¡Y me voy levantando de esta tristeza!

Y me doy cuenta que tenías que desangrarte de esa agua negra, para purgarte de esos que te dejaron enfermo.

Ahora sé que cuando haya brotado la última gota de agua negra, brillarás junto a la gente a la que sí le importas. Esa que te curó a punta de lágrima viva y limpia, que te bañó con su sudor decente, que te levantó con sus manos cansadas. Esa que murió por ti para recomendarte con Dios.

Y seremos nuevos, y cambiarán los líderes, cambiarán las calles, cambiará la gente.

¡Y mañana cuando nos curemos, saldremos a bailar por las calles y alamedas para gritar que lo logramos, que lo hicimos, que lo merecemos!

Y mi dolor cesará, y te seguiré escribiendo, te seguiré cuidando, te seguiré protegiendo.

Y cada gota de amor derramada por ti, será la medalla de honor que llevaremos en el pecho, muy cerca del corazón por ti, que ya no me dolerás más… Perú de mis amores.

 Por Lourdes Calderón.