Que Dios lo perdone, Ollanta Humala

Lourdes Calderón
Abogada y Entrometida

Mi padre falleció en un hospital de Essalud, en abril de 2014, luego de cerca de 50 años de aportación. Gracias a la ayuda de un entrañable amigo, pudimos conseguirle cama. Antes, los vampiros del Seguro, nos pedían dinero para reservarle una, que quedaría libre de un tuberculoso a punto de morir. Era una rifa macabra, estúpida y dolorosa. Siempre digo que cuando murió papá vi a Dios, porque Él estaba en cada persona que donaba medicinas, ropa, pañales, jeringas, gasa, algodón, cremas tópicas… leche. Todo eso, y más…pueblo bendito.

La unidad de Emergencia ni en película de Fellini: números de cama escritos en papel pegado con esparadrapo sobre las paredes de pasillos colmados de camillas, enfermos cargando sus sondas y orinando en vasos descartables, con sus intestinos, huesos y genitales expuestos, sin mantas, gimiendo de frío y dolor, pidiendo doctor. Sida, cáncer, neumonía, acv* hepatitis, cólicos, fracturas, bronquitis todo junto en ese caldo de gérmenes. Me parecía estar en La India, en Haití… pero no, era el Perú.

Yo viví ese calvario, mezcla de dolor e impotencia. Me costó casi dos años reponerme de ese terremoto emocional, recordar con entereza, cómo tuve que imponerme ante funcionarios mediocres y timoratos para conseguir las medicinas de mi padre; las cabriolas que tuve que hacer para colectar unidades de sangre; la cara de cansancio de papá el día anterior a su muerte, que me vaticinó a solas, cogido de mi mano y rogándome que lo sacara de allí. No pude, pero, lo que hoy sí puedo, es hablar por él y por todos los que han vivido esa paradoja de santificación e infierno.

¿Saben ustedes lo que sentí, cuando la tenaz Ministra de Salud declaró el lunes pasado, que por la “mala gestión” del gobierno anterior, los hospitales se vieron obligados a realizar compras “directas” sobrevaluadas, generando inmensas deudas y desabastecimiento? ¡Ganas de gritar que eso se llama HOMICIDIO! He sido testigo de cómo los buitres rondan a los moribundos para vender su espacio porque no hay cama. Me han ofrecido alcohol, gasa, cremas, colchones ortopédicos, sillas de ruedas, todo, en un mercado ambulante y clandestino, porque en farmacia: agotados. ¡Es usted un DESGRACIADO señor Humala! Aún tengo en la retina a esa anciana que apenas caminaba, al lado de su esposo, sentada en un banco que ella misma cargaba diariamente, porque simplemente, una silla, era un lujo.

¡LO QUE USTED HA HECHO NO TIENE NOMBRE! Permitió que se traficase con la vida de las personas, dejó a la Salud Pública sin camas, vendas, medicinas e inodoros; con quirófanos sin luz ni agua; con personal de limpieza atendiendo enfermos, sin esterilizarse; con cocinas sin utensilios ni insumos. ¿Sabía usted señor Humala, que un enfermo podía estar semanas con la misma sábana si es que antes no la orinaba o defecaba? ¿Que el personal robaba alcohol, algodón y hasta las jeringas para venderlas? ¿Qué se sometía a los pacientes a procedimientos innecesarios para adelantarles el alta y tener una cama más? USTED, señor HUMALA, no tuvo reparo en hacerse de la vista gorda, y no hizo nada para evitar el sufrimiento de miles de personas... ¡POR DINERO!

Mi padre le hubiera dicho que usted es un maldito conchesumadre (**) ¿Vulgar e irrespetuosa? Tíldenme DE LO QUE QUIERAN, pero un inmisericorde tiembla manos que le dio la espalda a un niño que gemía de dolor o a un anciano que agonizaba de neumonía, para que otros se llenaran los bolsillos de plata, no merece otro calificativo. Hay veterinarias más humanas que los hospitales que su gobierno, señor Humala, DESMANTELÓ. Por todo eso, que Dios lo perdone.

Felizmente no hay acción ni omisión que la vida no se cobre, y, será la historia, la que se encargará de usted. Esa, por lo menos, ya le tiene reservado el calificativo del mandatario más inepto, cobarde y cínico, que haya tenido el Perú.

Papá… descansa en paz.

LC.

 

 *    Accidente cerebro vascular

** Modismo latinoamericano que expresa indignación y sorpresa.