NI UNA, MENOS KEIKO

Lourdes Calderón
Abogada

La congresista Cecilia Chacón, con ese “no sé qué” que la distingue, mezcla de sex symbol y Rambo, informó hace dos días, que su lideresa, la señora Keiko Fujimori, no asistiría a la marcha NI UNA MENOS, convocada para este 13 de agosto, en respuesta a las deplorables sentencias con las que el Poder Judicial ha excarcelado a los agresores de dos mujeres, movilización que ha tomado connotaciones históricas, por la masiva participación de la ciudadanía y porque SI TOCAN A UNA TOCAN A TODAS.

Después que algunas fuentes cercanas a Fuerza Popular informaran que se habría recomendado a la ex candidata que asistiera, finalmente se hizo de público conocimiento que no participaría del evento. Chacón informó, que Keiko Sofía no iría, porque no puede utilizarse el dolor de miles de mujeres para luchar por objetivos políticos. Tratando de justificar a su jefa, esta novia del fujimorismo quiso vendernos la idea de que su amadísima líder no ir iría a la marcha, porque es incapaz de aprovecharse políticamente de ella. ¡Vaya! son conocidas las facultades de vedete (*) de la señora Chacón de Vettori, pero no de actriz cómica, fácil con un cursito de “claun” sustituía a Wendy Ramos, y no precisamente para organizar la movilización.

Toda marcha, es política. Lo que pasa es que la política no es lo mismo para todos. Mientras para unos se traduce en vocación de servicio a los demás, para otros, es un medio para alcanzar el poder. NI UNA MENOS fue una movilización de la sociedad civil que tuvo por finalidad política EXIGIR LA TRANSFORMACIÓN Y DEPURACIÓN DEL PODER JUDICIAL Y DEJAR SENTADO QUE A PESAR DEL SISTEMA, LAS MUJERES NOS MANTENDREMOS FIRMES LUCHANDO POR LA NO IMPUNIDAD.FUE Y ES, UNA DEMANDA DE GÉNERO, DONDE NO INTERESABAN NI KEIKO, NI LA CHACÓN, NI NANCY LANGE NI MARISA GLAVE, NI LA TRISTE PARTICIPACIÓN DEL FRENTE AMPLIO.

La verdad es una sola: Keiko Fujimori tuvo miedo. Miedo a ese “NUNCA MÁS “que le gritan su propia madre, Leonor La Rosa, Mariella Barreto, las estudiantes incineradas de La Cantuta y, miles de mujeres esterilizadas. Y ¡por favor! esto no se trata izquierdas, derechas, arribas o abajos, sino de dignidad. Esa que cuando quiere ser defendida es hábilmente convertida por los estúpidos en “estás loca”, “seguro estás con la regla” o “cállate la boca o te parto la cara”; esa que nos hace hervir la sangre y que tenazmente nos impulsa a decir que las mujeres somos objeto de nadie y por el contrario, de mucho respeto.

Por eso, doña Keiko, y por todo lo que este movimiento representa, con un respetuoso silencio quedaba decente. Sabemos que hay lugares a los que simple y llanamente no puede ni quiere ir, así que, era innecesario hacer notar su ausencia, y mucho más, dar una justificación, que, francamente, le sigue llenando esa mochila que tanto le cuesta soltar.

Si de gestos políticos hablamos, lo más inteligente hubiera sido que enfrentase su miedo, bajara al llano, compartiera el dolor, sudara caminando de la mano de las mujeres que la apoyaron, y que ese temor suyo, disfrazado de falsa dignidad, se hubiera doblegado ante la necesidad de exigir al igual que todas, el derecho a una justicia que frecuentemente nos elude. Usted se hizo a un lado solita, dándole más importancia a la polémica condición política que ostenta, que a su naturaleza de mujer. Usted no trasciende a sí misma, y hasta que no lo haga, seguirá siendo UNA MENOS y no solo este 13 de agosto.

No había que reservar espacio en la Concha Acústica del Campo de Marte señora Fujimori, la reunión era en la calle nomás y alcanzamos todas. Espero que en un futuro, cuando quiera hacer proselitismo con las mujeres que usted dice representar, no les diga que forma parte de ellas. Tendrá que usar otro discurso, porque ese, no es consecuente con sus actos.

Gracias a Dios NI UNA MENOS fue más que cualquiera de nosotras,nos necesitaba a todas y a ninguna a la vez. Gracias a Dios decidí publicar este artículo después de la marcha, porque nada ni nadie,iba a empañar ese sentimiento de solidaridad que hemos reinvindicado con una fuerza, que será difícil de doblegar, y menos aún, de olvidar.

LC.

 

(*) Diccionario de la Lengua Española:

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2. f. Persona que destaca o quiere hacerse notar en algún ámbito.